Cuando te ocurre esto te das cuenta de que no hay reglas para ponerle el nombre adecuado. Hay comentarios a favor del "cachete" que te hacen dudar de dónde está la línea entre el cachete y lo que ya no es el cachete.
Pensar en ello como maltrato te hace sentir cierta culpabilidad. Te preguntas si te estás pasando.
Pero no le consultas a nadie. Porque siempre que se habla de un padre o de una madre mal, te responde con "pero si es tu padre" o "pero si es tu madre". Con eso ya te sientes mentirosa, podrida por dentro.
Cuando me siento así, recupero tres escenas:
Una. En una de las veces que me pegaste, me hice pís encima. Y no me sentó mal, sino que me alegré. Fue mi única e indigna manera de vengarme por una violencia que ni siquiera lograba entender.
Dos. Una vez se me cayó el pan de la mesa. Sólo eso. Una tontería. Era sólo una ración pequeña de pan. Escuché el ruido de una silla pesada arrastrarse a mi lado y -automáticamente- me encogí esperando el golpe. En esa ocasión no lo hubo pero me di cuenta de algo: vivía completamente acojonada esperando tus golpes.
Tres. Las seis de la tarde eran para mí una hora de salvación. Significaba que acababa el terror. Que volvía mamá y tú no te atreverías a ponernos más la mano encima... hasta el día siguiente.
jueves, 24 de enero de 2008
Repetir para no recordar, recordar para no repetir
Lo leí en un libro. Si no recuerdas lo que sucedió, puede que la ira viva latente y lo repitas. Si recuerdas lo que sucedió -aunque duela- es más probable que no repitas sobre otra persona aquello que te hicieron.
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